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Desafíos al verdadero amor conyugal

Dios creó al hombre y la mujer a su imagen y semejanza (Gen. 1:25). Y siendo que Dios es el amor mismo, inscribió en la naturaleza del hombre y la mujer ese mismo amor divino.  Por ello, el amor conyugal verdadero, según el diseño de Dios requiere que tanto el hombre como la mujer se amen el uno al otro con el amor de Dios, es decir, amando como Dios ama.  

 El amor de Dios es un amor que siempre busca el bien del amado, un amor que se da por entero, sin reservas, un amor que se da porque quiere, no porque le obligan, un amor fiel y leal en todo momento y ante todos, y un amor que da frutos de vida, alegría y paz. "Dios es amor",por lo que sabemos que el amor es Dios (1Juan 4:8). Jesús dijo que el mayor mandamiento es amar
(Mateo 22:36-40).Eso es lo que enseñamos y predicamos;es nuestro mensaje, nuestra vida,nuestro objetivo, nuestro amor, nuestro todo:
¡amar a Dios y amar al prójimo como a nosotros mismos!.

 

¿Qué es el matrimonio?

Es aquella especial comunión de vida y amor entre un hombre y una mujer, en la cual se realizan ciertas propiedades y finalidad.

El poder del perdón

 

Las ofensas provenientes de nuestros seres queridos suelen doler más porque al daño recibido se le suma el sentimiento de haber sido de alguna manera traicionados en nuestra confianza, nuestros afectos o nuestras expectativas.

Por eso los errores entre esposos tienden a convertirse no sólo en “problemas por resolver” sino en “dolores del corazón” que amenazan la relación misma y que hacen hasta dudar del amor. Muchas parejas empiezan así por preguntarse: "¿Cómo pudo hacerme esto?", "¿Cómo a mí que tanto lo(a) quiero", "¿Por qué si yo tanto he hecho o dado por él(ella)?

Lo primero es por tanto entender que toda persona se equivoca pues está siempre en proceso de aprender y desarrollarse. Y tu cónyuge no es la excepción. Además, muchos de las limitaciones de los adultos para expresar el amor, como se debiera, provienen de las heridas emocionales que esa persona recibió en su infancia. Por eso, lo más probable es que detrás de los errores de tu pareja hay un niño o una niña herida que todavía debe crecer.

Ahora bien, si has logrado entender esos dos datos (que tu pareja no es perfecta y que posiblemente detrás de sus errores hay un niño o una niña herida que todavía debe crecer), estás entonces listo(a) para cambiar tu odio y frustración y empezar a sanar tu corazón, y tu relación con el poder del perdón. Pero para que entiendas mejor de lo que se trata, es preciso entender bien qué es perdonar:

¿Qué es perdonar?

Muchas personas temen que al perdonar le van a dar a la otra persona el poder de seguirlas ofendiendo, o que se van a rebajar o humillar. Sin embargo, es importante saber que:

  • Perdonar no es aceptar lo inaceptable ni justificar males como maltratos, abusos, faltas de solidaridad o infidelidades. Tampoco es hacer de cuanta que no ha pasado nada. Eso sería forzarnos o ignorar la realidad y a acumular resentimientos. Igualmente, perdonar no es tratar de olvidar lo que me han hecho, pues siempre es bueno aprender de lo vivido.
  • Perdonar es sobre todo liberarse de  los sentimientos negativos y destructivos, tales como el rencor, la rabia, la indignación, que un mal padecido nos despertó y optar por entender que está en mis manos agregarle sufrimiento al daño recibido o poner el problema donde está: en la limitación que tuvo mi cónyuge de amar mejor, en una determinada circunstancia.
  • En síntesis, perdonar es: Otra manera, distinta de la rabia y el rencor, de ver a las personas y circunstancias  que creemos nos han causado dolor y problemas. Es, poder mirar a mi cónyuge y sus acciones negativas, con el realismo y la misericordia propias de Dios que, sin desconocer nuestras faltas, no nos identifica con el pecado y nos da la ocasión de ser mejores.

¿Por qué perdonar?

  • Porque mientras con el odio y el rencor quedamos atados al mal que nos han hecho y estancamos la relación matrimonial concentrándonos sólo en el error y el dolor que una determinada acción nos causó, el perdón nos da la oportunidad de ver la falta como un error real pero sin la carga emocional que nos daña. Entonces, además de recuperar la paz, recobramos la lucidez para evaluar el daño en su dimensión real y tomar las medidas necesarias frente a la relación.
  • Porque soy yo mismo(a) quien es responsable de producir la rabia o el odio y de aferrarme a ellos. La rabia, es una forma de satisfacer mi ego igualmente herido.
  • Porque mi cónyuge, es mucho más que su error. Sin querer justificar su falta, es claro que detrás de su acción hay un “niño o niña herido (a)” por los condicionamientos de su pasado, pidiéndonos, a través de su rabia, violencia o agresión, que lo auxiliemos, lo amemos, lo respetemos”.
  • Es claro igualmente que si mi cónyuge me entregó un día su vida en matrimonio es porque me ama y que por tanto, lo más seguro es que su equivocación no fue deliberada sino el fruto de sus limitaciones como ser humano en proceso.
  • Porque amar al cónyuge supone aceptar que es limitado y renunciar a mis expectativas a cambio de su realidad y buena voluntad de hacer lo mejor posible.
 

Diferencia entre perdón y reconciliación

 

Mientras el perdón es una decisión de cada persona, al interior de su propio corazón, la reconciliación supone la recuperación de la relación entre los dos. Lo ideal es por tanto que, una vez me libere de la rabia y renuncie a identificar a mi cónyuge con el error que cometió, nos dispongamos juntos a analizar el daño y buscar, en la medida de lo posible, una reparación.
Dicha reparación supone que el ofensor reconozca su error, valore el efecto de lo que causó y pida perdón. El ofendido debe entonces igualmente aceptar las disculpas y ofrecer su perdón como la base para iniciar de nuevo una relación, sin rabia ni rencores, pero sabiendo que hay algo por mejorar.

Mientras exista por tanto la voluntad de cambiar y la sensibilidad para aceptar las propias limitaciones y lo que ellas pueden causar, el perdón y la reconciliación serán casi siempre posibles. Así el matrimonio se convierte en la escuela de amor donde cada persona debe encontrar un espacio donde es amada y aceptada, aún en esas realidades que no fueron amadas y aceptadas en la propia familia. Y mientras es retada a cambiar puede, por amor, liberarse poco a poco de sus limitaciones de carácter y sentir que puede crecer en su capacidad de dar y recibir amor.

Esta oferta de perdón y reconciliación, no debe sin embargo ser forzada con manipulaciones como “si me amas realmente debes…”; tampoco con presiones como: “yo he hecho mucho por ti, por lo tanto tu…”. No. La oferta del perdón debe ser gratis, y la reconciliación un acto que los dos ofrecen y se comprometen de manera igualmente gratuita a realizar, por que nace del deseo de seguir amando y del dolor de haber herido al otro, sin pretenderlo o sin saberlo.

Hay sin embargo realidades que, si bien podemos perdonar, rompieron totalmente la confianza o demostraron que definitivamente la otra persona no está en condiciones de vivir en pareja. En tales circunstancias la reconciliación no es aconsejable. Tal es el caso de personas con vicios, depravaciones o deformaciones serias de su personalidad o conducta que pueden seguir dañando a la pareja y los hijos, y frente a los cuales el cónyuge está en el derecho de protegerse mediante la separación.

 

Cuando valoramos el matrimonio entendemos que la vivencia de un hombre y una mujer no solo se trata de unión física, sino también de una unión afectiva, emocional y sobre todo una unión comprometida a ir adelante y a superar los obstáculos que se puedan presentar en el camino. A esto llamamos compromiso, palabra, fidelidad.
 
Cuando una relación no tiene el elemento del compromiso, son pocos los riesgos que se pueden asumir y  escasas las exigencias que se pueden demandar el uno del otro. ¿Cuan comprometido estás con tu relación de pareja? ¿Estas luchando para superar los obstáculos que se encuentran en el caminio? Recuerda, dependeiendo del valor que le des a tu matrimonio tendrás las fuerza para seguir adelante.
Efesios 5:21-26 : Sométanse unos a otros, por reverencia a Cristo. Esposas, sométanse a sus propios esposos como al Señor. 
Porque el esposo es cabeza de su esposa, así como Cristo es cabeza y salvador de la iglesia, la cual es su cuerpo. Así como la iglesia se somete a Cristo, también las esposas deben someterse a sus esposos en todo. 

Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. 
Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra.
 
I Pedro 3:8-9 - En fin, vivan en armonía los unos con los otros; compartan penas y alegrías, practiquen 
el amor fraternal, sean compasivos y humildes. 
No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto; más bien, bendigan, porque para esto fueron llamados, para heredar una bendición.
El vivir en unidad y amor son las bases que mantendran firme la relacion, vamos en pos de esto cada dia para que la estabilidad prime siempre, aportando cada conyuge hara que sea estable, no dejemos de luchar y aportar para que sean muchos los años en que la pareja este unida, soportando, aceptando y siendo pacientes en todo.

 

TIEMPO PARA DIOS DOMINGO: Escuela Dominical 11:00 a.m

Servicio de Adoracion: 12:30 p.m

Escuela Infantil 1:00 p.m

MARTES: Oracion: 7:00 a.m

MIERCOLES: Ministerio de Mujeres

Ministerio de Hombres

JUEVES: Oracion y Estudio Biblico: 7:30 p.m

Escuela de Jovenes: 7:30 p.m

Revdo: LUIS NORMANDO Y GLADYS CASTRO

2717 WEST HILLSBOROUGH AVE. TAMPA, FL, 33614

TEL: 813-908-9596 / 813-220-5096

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